La agresión y el abuso entre hermanos son experiencias adversas en la infancia

Boletín SAARA nº 8

Corinna Jenkins Tucker, Tanya Rouleau Whitworth, y David Finkelhor
Verano 2024

Las evaluaciones de experiencias adversas en la infancia (ACE) para niños, padres y adultos deben ampliarse para incluir las experiencias de agresión y abuso entre hermanos (SAA). Los estudios de investigación demuestran consistentemente que la agresión y el abuso entre hermanos pueden generar traumas que afectan el bienestar y las relaciones a lo largo de toda su vida. El impacto de la agresión y el abuso entre hermanos en la salud pública a nivel de la población puede ser similar al de la violencia de pareja y el maltrato de padres a hijos. Para poder detectar la agresión y el abuso entre hermanos, es necesario capacitar a los profesionales y especialistas en este tema y desarrollar continuamente intervenciones basadas en la evidencia destinadas a prevenir y sanar las secuelas de estas experiencias.

La agresión y el abuso entre hermanos como fuentes de traumas

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, las experiencias adversas en la infancia, son eventos potencialmente traumáticos que pueden ocurrir a lo largo de la vida de un niño, como violencia, maltrato y situaciones que puedan generarles inseguridad. Estas experiencias afectan el funcionamiento a lo largo de la vida del niño, y a menudo se manifiestan mediante el sistema de reacción al estrés del cuerpo. Las reacciones de los niños ante estos acontecimientos pueden incluir miedo, preocupación o enojo. Con el tiempo, los efectos físicos y las reacciones emocionales que limitan la capacidad de sobrellevar estas situaciones de forma saludable afectan la salud mental y física de los niños, lo que puede tener consecuencias en la edad adulta, como enfermedades cardíacas y suicidio.

Estudios nacionales indican que un número considerable de niños sufre agresiones o abuso por parte de un hermano cada año y a lo largo de su vida. Cálculos basados en datos representativos a nivel nacional en los Estados Unidos revelan que más de un tercio de los niños de entre 0 y 17 años de edad ha sufrido agresiones o abuso físico, psicológico o contra sus pertenencias por parte de un hermano a lo largo de su vida.1 Se estima que la frecuencia con la que los niños sufren abuso sexual por parte de un hermano está entre el 2 % y el 5 %.

La agresión y el abuso entre hermanos son experiencias traumáticas que afectan negativamente la salud mental y física, así como las relaciones interpersonales a lo largo de toda la vida. Los niños que sufren daños por parte de los hermanos, posiblemente nunca se sientan seguros. Al igual que otras víctimas de abuso, es probable que los niños que sufren estos daños vivan con el hermano agresor. Algunos niños viven con miedo a sus hermanos y reciben maltrato continuo por parte de ellos. Los adultos sobrevivientes reportan impactos persistentes en su salud mental, incluyendo depresión, trastornos alimenticios y dificultades en las relaciones.

Cabe señalar que la agresión y el abuso entre hermanos predice de manera única y, en algunos casos, tiene efectos similares o superiores sobre el bienestar que algunas de las experiencias adversas de la infancia tradicionales, como la crianza monoparental, el maltrato infantil y la violencia familiar.2 La idea de que la agresión y el abuso entre hermanos es normal y equivalente a la rivalidad, los forcejeos y las peleas, o en caso de abuso sexual entre hermanos, que solo se trate de curiosidad, ha mantenido oculto este problema durante demasiado tiempo.

Modificar los inventarios actuales de las experiencias adversas de la infancia

Es necesario ampliar la evaluación de las experiencias adversas en la infancia con niños, padres y adultos de manera que incluya explícitamente la agresión y el abuso entre hermanos. La mayoría de los criterios utilizados para evaluar las experiencias adversas en la infancia, basados en el estudio original , se limitan al abuso físico y psicológico cometido por “un padre u otro adulto del hogar”, y el abuso sexual se limita a “un adulto o una persona al menos cinco años mayor”. Los inventarios de experiencias adversas en la infancia desarrollados más recientemente han eliminado algunas de estas restricciones de edad para los autores de abusos, lo cual es un avance en la dirección correcta. Sin embargo, debido a la omnipresencia y la invisibilidad de los abusos sexuales entre hermanos, es posible que muchas personas omitan a los hermanos al responder preguntas sobre abusos, a menos que se les pida explícitamente.

La modificación de los inventarios de experiencias adversas en la infancia existente contribuirá al reconocimiento de la agresión y el abuso entre hermanos y sus repercusiones. Sin embargo, cualquier modificación debe ir acompañada de una capacitación para los profesionales y los especialistas. En la actualidad, la capacitación en agresión y abuso entre hermanos no es muy común, por lo que es fundamental realizar cambios en los planes de estudio de licenciatura y posgrado, así como en los requisitos de formación continua.

Los resultados positivos de las evaluaciones resaltarán la necesidad de promover la capacitación de padres, profesionales en servicios de protección infantil, cuerpos policiales, consejeros escolares, profesionales en salud mental, pediatras, enfermeros y otras disciplinas. A estos grupos se les podría proporcionar información sobre el hecho de que la rivalidad entre hermanos no incluye la intención de dañar o controlar, y sobre la importancia de creerle al niño que ha sido perjudicado. También se podría educar a estas audiencias sobre el hecho de que el abuso entre hermanos, incluyendo el físico, psicológico y sexual, son formas de violencia familiar. Al igual que otras formas de violencia familiar que requieren conocimientos especializados, la agresión y el abuso entre hermanos también merece el reconocimiento y la atención de expertos.

El objetivo de las evaluaciones de las experiencias adversas en la infancia es la prevención y la intervención. Tanto para los padres como para sus hijos, existen diversos programas de educación parental basados en la evidencia, como (Años Increíbles) y (Programa de Crianza Positiva Triple P), puede ayudar a reducir el comportamiento agresivo de los niños y mejorar las habilidades parentales. Los programas destinados a promover una relación positiva entre hermanos, como (Más divertido con hermanas y hermanos), puede ayudar también. Cuando la dinámica entre hermanos es abusiva, los centros de recursos familiares, los centros de defensa infantil y los pediatras pueden ayudar con remisiones y a encontrar tratamientos con técnicas terapéuticas que se utilizan para tratar el maltrato infantil, como la terapia cognitivo-conductual centrada en el abuso y el trauma.

Para los adultos que buscan ayuda para mejorar su bienestar y superar dificultades en sus relaciones, las evaluaciones de las experiencias adversas en la infancia ampliadas y que incluyen agresión y abuso entre hermanos, en entornos clínicos, podrían proporcionar una perspectiva necesaria, así como señalar la necesidad de técnicas terapéuticas basadas en el trauma, destinadas a sanar el impacto causado por la agresión y el abuso entre hermanos. Probablemente, las técnicas terapéuticas basadas en el trauma no se utilicen con los sobrevivientes de este tipo de agresión y abuso, a menos que exista mayor concientización, capacitación y reconocimiento de este problema.

No todos los comportamientos entre hermanos son inofensivos y algunos pueden tener efectos devastadores y prolongados. Al igual que otras formas de violencia y abuso familiar, la agresión y el abuso entre hermanos deben considerarse una experiencia infantil adversa, ser detectados y tratados por los padres y los profesionales. Cualquier indicio de que exista una experiencia adversa en la infancia requiere medidas basadas en la evidencia para garantizar que los niños se sientan seguros en casa y mitigar los efectos negativos que la agresión y el abuso entre hermanos pueden tener a lo largo de la vida de las personas, las familias y la sociedad.

Para más información:

Finkelhor, D., Shattuck, A., Turner, H., y Hamby, S. (2015). Inventario actualizado de experiencias adversas en la infancia. Child Abuse & Neglect, 48, 13–21.
Perkins, N. H., y Meyers, A. (2020). La manifestación del abuso físico y emocional entre hermanos a lo largo de la vida y la necesidad de intervención del trabajo social. Journal of Family Social Work, 23(4), 338–356.
Tucker, C. J., Finkelhor, D., Shattuck, A. M., y Turner, H. (2013). Prevalencia y correlaciones de los tipos de victimización entre hermanos. Child Abuse & Neglect, 37(4), 213–223.
Tucker, C. J., Finkelhor, D., y Turner, H. (2023). Ideas emergentes: La agresión entre hermanos, ¿Es tan preocupante como la agresión entre compañeros en la infancia y la adolescencia? Family Relations, 72(5), 3023–3028.
Tucker, C. J., Finkelhor, D., y Turner, H. (2024). Patrones de agresión entre hermanos y salud mental en la infancia y la adolescencia. Journal of Family Trauma, Child Custody & Child Development, 21(1), 2–21.
Turner, H. A., Finkelhor, D., Mitchell, K. J., Jones, L. M., y Henly, M. (2020). Fortalecimiento del poder predictivo del cribado para experiencias adversas en la infancia (ACEs) en niños pequeños y mayores. Child Abuse & Neglect, 107, 104522.
Yates, P., Mullins, E., Adams, A., y Kewley, S. (2025). Abuso sexual entre hermanos: ¿Qué sabemos? ¿Qué necesitamos saber? Análisis de la fase 1 de una revisión exploratoria en dos fases. Child Abuse & Neglect, 162(3), 107076.

Notas:

1Cálculo del autor basado en datos ponderados y combinados sobre prevalencia de la Encuesta Nacional sobre la Exposición de los Niños a la Violencia (NatSCEV) de 2008, 2011 y 2014.
2Tucker, C. J., Finkelhor, D., Turner, H., y Shattuck, A. (2013). Asociación entre la agresividad entre hermanos y la salud mental de niños y adolescentes. Pediatrics, 132(1), 79–84.